sábado, 19 de mayo de 2007
Limpiando y Abriendo ConcienciasIdea

IMPERIALISMO, CULTURA Y RESISTENCIA

FUENTE: LEONARDO RUIZ TIRADO


En la misma medida en que desde algunas tribunas ‘neutrales’ suele pedírsele a intelectuales y artistas, en la actual circunstancia mundial, desligarse de la política en aras de preservar su pureza y dignidad, ello resulta a todas luces màs que imposible.
Decir poder político, sobre todo en las sociedades ‘desarrolladas’, es decir poder económico y militar. La cultura, en esas sociedades, es víctima de manipulaciones y desfiguraciones que imponen los ámbitos económico y militar. El modelo que, variando aquí o allá, sigue el industrializado ‘Primer Mundo’ es el del desarrollo ventajista generado por una plutocracia trasnacional en cuyo orden, lo cultural y espiritual, pertenecen al ámbito de lo ideológico, que es como una especie de correlato no material del señorío y militar de las grandes empresas controladas por el Imperio. En realidad, tal afirmación es una tautología: sabemos que el Imperio no es màs que el control que unas cuantas empresas, sumamente poderosas, ejercen sobre los países pobres o ‘en desarrollo’ a través de entes y mecanismos hegemónicos que van desde el Pentágono y la CIA, pasando por la ONU y los organismos financieros ‘multilaterales’ (FMI, BM, BID…), hasta esa amplia variedad de ONG ‘culturales’, ‘cientìficas’ y ‘ambientalistas’ que dicen salvaguardar los intereses de la humanidad.
Los países que en las últimas décadas han buscado caminos para construir modelos diferentes de organización, donde no sea el interés económico y militar lo que domine los ámbitos material y tecnológico (y, por consiguiente, cultural), tropiezan con el terror generado por el Imperio y sus aliados para garantizar su poderío.
La ‘guerra total’ –reaccionario concepto acuñado por Ludendorff en las primeras dècadas del siglo XX para, contradiciendo las ideas de Clausewitz sobre las motivaciones políticas de los conflictos internacionales, explicar las irracionales posiciones asumidas por algunos actores de la Primera Guerra Mundial (explicaciones que asumiría poco después Hitler con los resultados que todos conocemos)– ha pasado hoy a ser el estado ‘normal’ del imperialismo, sin importar cuáles sean las sociedades, los procesos y las culturas que planteen esas alternativas. Hoy, màs que nunca, ‘guerra total’ es sinónimo de aplastamiento por todos los medios (invasiones, guerra sucia, satanización cultural, guerra mediático) no ya de un ejército enemigo, sino de cualquier pueblo y cualquier sociedad mayoritariamente identificados con un territorio, un sentido originario de pertenencia y, finalmente, con un proyecto político nacional que aspire a afianzar esa identidad construyendo un modelo económico, político y cultural independiente.
La guerra se ha convertido en justificación del hambre imperial por el petróleo y los demás recursos naturales que algunas regiones del mundo poseen. Recientemente vimos còmo la guerra ‘preventiva’ ha pretendido imponerse en el plano internacional cuando EE.UU. quiso incluir en la agenda de la OEA la ‘necesidad de monitorear a las deficientes democracias latinoamericanas’, o còmo han manipulado a la Asamblea General de la decadente ONU con la clara intención de abortar nuevos procesos democráticos en Venezuela, Brasil, Argentina, Uruguay y los inminentes avances socialistas y revolucionarios en otros países del mundo.
EE.UU. califica de ‘enemigos de la libertad’ a quienes no entran en sus planes y no sirven a la creciente voracidad de sus intereses. Se refiere el Imperio a esa ‘libertad’ inventada para justificar sus desmanes bélicos, que hoy tienen clara expresión en la neoliberal globalización de despiadadas recetas económicas orientadas a estrangular o a aplicar la ley del embudo a los países pobres. La ‘lucha anti-terrorista’ que el Imperio adelanta a escala mundial después de que los suicidas pulverizaron sus emblemáticos rascacielos en el mismísimo corazón de Nueva York, es un mero argumento para justificar esos desmanes contra cualquier proyecto nacionalista. Los actos terroristas màs recientes en España e Inglaterra no son màs que consecuencias del apoyo incondicional que casi toda Europa, hasta hace poco, brindaba a EE.UU. en el genocidio contra Irak.
Hoy ha quedado demostrado que EE.UU. es el principal fabricante de terror en todo el mundo a través de su ‘guerra total’, y de hecho varios países europeos han venido retirando su apoyo a la invasión a Irak. El simulacro ‘anti-terrorista’ se les ha revertido ante la opinión mundial y, lo que es màs trágico para las comunidades civiles de esos estados imperialistas, ante grupos terroristas y fundamentalistas que, en su mayorìa, aparte de haber sido acicateados y entrenados `por la CIA y el Pentágono, actúan en nombre de los pisoteados honor y dignidad humanos y religiosos del mundo árabe.
Si a ello agregamos las recientes incitaciones, por parte de fanáticos ultraderechistas de ‘inspiraciòn divina’ y mafias empresariales racistas de gran alcance mediático que gobiernan a EE.UU. y pretenden manipular, dentro y fuera de ese país, a la opinión pública del mundo a través de medios impresos y audiovisuales serviles, la cosa realmente es para extremar posiciones con carácter de urgencia.
‘Globalizaciòn’ es el nombre que quiso el Imperio dar a su falsa intención de competir con las màs débiles economías del mundo, y es un concepto que pretende abarcar todos los ámbitos de la vida en el planeta. Hoy día podríamos reducir conceptualmente la globalización a las formas paranoicas como, en aras de la lucha antiterrorista, el imperialismo anglo-estadounidense busca procurarse el petróleo, las demás fuentes de energía y los recursos naturales que se hallan en bosques, mares, cuencas hidrográficas y en el subsuelo de cientos de países que, como Venezuela, luchan por su soberanía con un creciente grado de conciencia colectiva.
La globalización por sí misma no sería mala, pensada como mundialización de avances y desarrollos tecnológicos. Pero lo que realmente se ha globalizado no es el desarrollo, sino el antidesarrollo. No es la sana ‘competividad’ entre los países (lo cual es abiertamente imposible dado el grado de desigualdad de sus fuerzas productivas frente al poderío estadounidense o inglés), sino el desdibujamiento de las nacionalidades lo que en verdad ha perseguido el imperialismo con la imposición de modelos y proyectos económicos y militares como el ALCA, el Plan Colombia y tantas otras intromisiones. Ya todos sabemos, por ejemplo, lo que hacen las fuerzas militares y de inteligencia imperiales en Ecuador, Perú y Paraguay.
Con el debilitamiento de las nacionalidades en lo económico, lógicamente ha sobrevenido la pretensión de aplastar las culturas originarias y la diversidad de sus expresiones, que buscan ser substituidas por una ‘cultura global’ que suprima las identidades regionales en todos los órdenes, desde lo alimentario hasta lo artístico, con el artero propósito de uniformizar la producción cultural y suprimir el pensamiento crítico en los países pobres. Y hay que reconocer que buena parte de la intelectualidad latinoamericana ha sucumbido frente a esas aberraciones: no pocos representantes de la ‘inteligencia’ latinoamericana, de ser tan combativos en otros momentos, pasaron a ser complaciente con los planes y modelos del Imperio. Unos cuantos intelectuales y artistas, por ejemplo en Venezuela, que hoy vive un proceso de recomposición de su nacionalidad con el masivo proyecto político bolivariano, con gran descaro cerraron filas junto a los sectores retrógrados que rechazan y adversan al gobierno legítimo del presidente Hugo Chávez, así como el avance organizativo y el mejoramiento de la calidad de vida de los sectores populares.
Uno de los principales instrumentos de la dominación imperial es el ideológico, y en este terreno se incluye lo cultural. Las culturas de muchas sociedades del llamado Tercer Mundo, que son las sociedades que el Imperio ha contribuido a mantener en el subdesarrollo como productores de materias primas para sus industrias, siempre reprodujeron, claro que muy precariamente, el modelo ideológico imperial. No obstante, y con enormes dificultades, estas sociedades subdesarrolladas han podido ir creando sus procesos contraculturales masivos, que encarnan una verdadera resistencia frente a la dominación.
La contracultura es y ha sido, antes incluso del triunfo político de la Revolución Bolivariana, un antídoto eficaz contra esa domesticación de nuestra intelectualidad agudizada, hacia los años setenta del siglo que pasó, con el aberrante repliegue de escritores, artistas e intelectuales frente al proceso de descomposición que vivía el movimiento popular, con la consiguiente ausencia de auténticos liderazgos que impulsaran sus luchas. Era la época de la ilusión de bonanza que el alza momentánea de los precios del petróleo irradió sobre la sociedad y que, al deshacerse primero con el fracaso del populismo y luego con el de las despiadadas recetas del FMI, patentizó la crisis estructural que condujo al Carachazo (que a decir verdad fue el Venezolanazo), a las rebeliones militares de 1992, y luego, desde fines de esa misma década, a los sucesivos triunfos electorales, al proceso constituyente, y al afianzamiento actual del proceso de transformaciones que hoy vive el país en todos los órdenes. Y una de las características de ese proceso es el surgimiento del espíritu de resistencia en cada vez màs vastos sectores de nuestra sociedad.
La resistencia, que ha comenzado en algunos casos por serlo en los planos económicos y militar, recorre día a día caminos tortuosos y desiguales. Hoy uno de los grandes retos de la resistencia antiimperialista tiene que pasar (y de hecho, comienza a hacerlo) por la consolidación de múltiples polos de resistencia cultural, tecnológica y comunicacional. Ese comienzo ha significado un golpe rotundo a la neutralidad de muchos intelectuales y artistas que, hasta entonces, si no se hallaban replegados hasta la nulidad como actores sociales, sí veían la posibilidad de los cambios como algo lejano o i8mposible. Hoy día vemos còmo incluso muchos que estaban neutralizados empiezan a tener posiciones, críticas, sí (lo cual es plausible y deseable), pero posiciones al fin; hasta hace poco algunos eran incapaces de abrir la boca. Claro que tambièn se han extremado posiciones intelectuales reaccionarias, antidemocráticas, entre intelectuales, científicos, artistas y escritores. Pero es interesante ver còmo, al menos, tales posiciones, que han llegado al absurdo de negar poderes creativos ‘al grueso del pueblo’ (así se expreso hace poco Santos López, organizador de la Semana Internacional de Poesía de Caracas, aduciendo sin vergüenza que la poesía es cosa ‘de una elite’), perdieron por completo el sentido de la realidad, de lo que sucede en su propio país. El deslinde es ‘total’; no olvidemos que proviene de una concepción totalitaria de la guerra de la cual se hacen eco muchos ‘virtuosos y neutrales’, quienes no contaban con la astucia, la fortaleza creadora y la capacidad de resistencia del pueblo venezolano.
La resistencia económica al imperio ha comenzado a producirse en algunas sociedades cuyos estados y gobiernos tienen la voluntad de nuclear modelos alternativos de organización social y económica. Es el caso de Venezuela, donde la resistencia ha comenzado a ser màs orgánica, por ejemplo, con la renacionalizaciòn de su política petrolera y la reorientación de la riqueza con un sentido social.
En el campo cultural y comunicacional, la resistencia comienza a tener tambièn núcleos importantes, como el lanzamiento (propiciado por Venezuela con participación de varios factores latinoamericanos que impulsan la integración) de una televisora alternativa, Telesur, y tambièn con el proyecto de emplazar un satélite que sirva a las comunicaciones y a otras estrategias relacionadas con la agricultura y la seguridad nacional. Esta televisora es hoy una realidad que incidirá cuantitativa y cualitativamente en el desbloqueo de la manipulación de la opinión forjada por el imperio sobre todo a través de CNN.
Tambièn comienza en Venezuela a producirse políticas de una masificaciòn cultural cualitativa, o sea, tendientes a ensanchar la identidad y en sentido de pertenencia. A nuestro juicio hay mucho aún por hacer en este campo de la cultura endógena, pero la superación del alfabetismo a través de la Misión Robinson; las ediciones de libros por millones de la literatura universal y sobre todo como difusión del nuevo pensamiento nacional; el proyecto de ‘cada día un libro’ para valorizar y relanzar a miles de autores que las editoriales comerciales –y aun las estatales– mantenían engavetados y congelados a favor de las élites del López de turno; las emisoras de radio y televisión comunitarias brotando en todo el territorio; el reconocimiento constitucional de la diversidad cultural (y de lo multiétnico y plurilinguìstico territorio adentro) para la implantación de un sistema de circulación de bienes y servicios culturales; el surgimiento de un Ministerio de la Cultura, la creación de redes de cineastas y escritores, son apenas algunas de esas acciones orientadas a cimentar la resistencia tanto desde el Gobierno como en los sectores organizados de la sociedad. Todo ello, con la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela como guía, ha ido cobrando, no sin tropiezos pero sin detenerse, rango de ley, de normalización en una sociedad cuyos soberanos protagonistas discuten, sancionan y revisan día a día las normativas de esos procesos específicos.
Contra la ‘normalizaciòn’ de la ‘guerra total’ que el Imperio emprendió para desbaratar cuanto les huela mal en cualquier rincón del planeta; contra la ‘normalizaciòn’ de una oposición que, dentro del país, le hace la ‘guerra total’ a todo aquello que huela a pueblo, Venezuela resiste.
El asunto no es soplar y hacer botella. La creciente conciencia ciudadana y el deseo de participación de los secularmente excluidos constituyen la plataforma de la esperanza. Venezuela vive una hora estelar. La cultura venezolana vive tambièn una hora estelar. Es conveniente esperar que la dirigencia política transigirá màs abriéndose a un cambio cultural y espiritual indispensable para que, de la resistencia que nos llevará algún tiempo en este ciclo de consolidación de la Revolución Bolivariana, pasemos a la defensa efectiva de un país que ha de llegar en el futuro inmediato a ser una referencia continental, a contra corriente de infernales campañas internas y externas que dicen lo contrario.


Vacilando



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Caracas, 12:33 horas, sábado, mayo 12 de 2007
Publicado por Desconocido @ 11:59 PM  | Venezuela Avanza
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