A LOS ESTADOUNIDENSES LES RESULTA CARO EL SUEÑO DEL ETANOL DE BUSH
LIMPIANDO Y ABRIENDO CONCIENCIAS
A los estadounidenses les resulta caro el sueño del etanol de Bush
Frank Brandmaier
2007-08-10
Washington, 10 ago (DPA) - Las tan populares barbacoas de los veranos estadounidenses amenazan con convertirse en un lujo para pocos. Los precios de chuletas, pollos o costillas de cerdo han subido notablemente en los supermercados.
La causa principal es la rápida subida de los precios del maíz, que ya no es sólo alimento de animales en las granjas, sino que se ha convertido en la principal materia prima para la producción del biocombustible etanol en Estados Unidos.
El auge de los biocombustibles se desencadenó después de que el presidente George W. Bush se fijara como objetivo disminuir la dependencia de Estados Unidos de las importaciones de petróleo. La demanda creciente llevó por momentos hasta el doble de lo habitual a la cotización del maíz.
Los sueños de la Casa Blanca con respecto al biocombustible son ambiciosos. El presidente sentó en su discurso sobre el estado de la Nación en enero de este año la meta de reducir a lo largo de los próximos diez años en un 20 por ciento el consumo de gasolina en Estados Unidos, reemplazando esta cantidad en su mayor parte por etanol y otros combustibles alternativos.
Actualmente ya se mezcla etanol con la gasolina, pero apenas sustituyendo un 3,5 por ciento del combustible convencional. Si esta cantidad llegara al 15 por ciento de etanol en la gasolina, tal como se planea, representaría una producción de 133.000 millones de litros de biocombustible.
No es sorprendente entonces que en el Medio Oeste, el granero de Estados Unidos, surjan refinerías de etanol como hongos tras la lluvia. En mayo de este año se contabilizaban 120 plantas en todo el país, otras 75 estaban en construcción. Un 20 por ciento de la cosecha estadounidense de maíz del año pasado fue destinada a la producción de etanol, hace dos años apenas insumía el 12 por ciento.
También aumentaron los precios del trigo y de la soja, al reducirse su superficie de cultivo por el avance del maíz. "Quien entiende cómo funciona el mercado del maíz sabe que habrá problemas donde se utilice este grano", señaló al "Washington Post" el director del Centro de Comercialización de Alimentos de la Universidad de Connecticut, Ronald Cotterill.
Los granos de maíz no son sólo alimento de pollos, cerdos y vacunos, sino que están también presentes en una serie de productos como galletitas y bebidas de refresco. El fabricante estadounidense de chocolates Hershey ya ajustó sus precios por el aumento del costo de la leche. Lo mismo hizo el gigante de los cereales en copos Kellogg's.
El fenómeno del aumento de los precios de alimentos se registra no sólo en Estados Unidos. El año pasado aumentaron los costos a escala mundial en un diez por ciento, debido ante todo al encarecimiento del maíz, el trigo y el aceite de soja, según un informe del Fondo Monetario Internacional (FMI), organismo insospechable de ser influido por las denuncias recurrentes del líder cubano Fidel Castro sobre las secuelas de la producción de biocombustibles.
En Estados Unidos se suma la demanda para la producción de etanol a las malas cosechas. "Se prevé una demanda creciente de biocombustibles que conllevará un nuevo incremento del maíz y del aceite de soja", vaticinó el FMI. Así aumentó dramáticamente al doble el precio de las tortillas de maíz en México, donde es un elemento central de la dieta de 50 millones de personas de bajos ingresos. El gobierno tuvo que intervenir con controles de precios, que limitaron el alza a un 25 por ciento.
El etanol producido en base a maíz no es sin embargo ni barato ni limpio, según observó el semanario británico "The Economist". Algunos estudios concluyen que se gasta en su producción más energía de la que se gana mediante su combustión. Las subvenciones estatales suman entre 5.500 y 7.300 millones de dólares anuales, según cálculos del Instituto Internacional para el Desarrollo Sustentable.
Mucho más rentable es el etanol producido con caña de azúcar, según "The Economist", tal como lo produce Brasil en gran escala. Pero Washington ha impuesto aranceles para frenar su importación.
"Estados Unidos debería abandonar su política poco inteligente", aconseja el prestigioso semanario. "Si no se cargase con aranceles aduaneros al buen etanol y si se dejara de subvencionar el malo, florecería el primero y desaparecería el segundo. El mundo sería más verde y el contribuyente estadounidense más rico."
Fin del artículo.

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Editor de: http://www.limpiandoyabriendoconciencias.com
POR UNA COMUNICACIÒN E INFORMACIÒN ALTERNATIVA PRECISA Y RESPETUOSA DEL CULTO A LA DIGNIDAD Y LA VERDAD
A los estadounidenses les resulta caro el sueño del etanol de Bush
Frank Brandmaier
2007-08-10
Washington, 10 ago (DPA) - Las tan populares barbacoas de los veranos estadounidenses amenazan con convertirse en un lujo para pocos. Los precios de chuletas, pollos o costillas de cerdo han subido notablemente en los supermercados.
La causa principal es la rápida subida de los precios del maíz, que ya no es sólo alimento de animales en las granjas, sino que se ha convertido en la principal materia prima para la producción del biocombustible etanol en Estados Unidos.
El auge de los biocombustibles se desencadenó después de que el presidente George W. Bush se fijara como objetivo disminuir la dependencia de Estados Unidos de las importaciones de petróleo. La demanda creciente llevó por momentos hasta el doble de lo habitual a la cotización del maíz.
Los sueños de la Casa Blanca con respecto al biocombustible son ambiciosos. El presidente sentó en su discurso sobre el estado de la Nación en enero de este año la meta de reducir a lo largo de los próximos diez años en un 20 por ciento el consumo de gasolina en Estados Unidos, reemplazando esta cantidad en su mayor parte por etanol y otros combustibles alternativos.
Actualmente ya se mezcla etanol con la gasolina, pero apenas sustituyendo un 3,5 por ciento del combustible convencional. Si esta cantidad llegara al 15 por ciento de etanol en la gasolina, tal como se planea, representaría una producción de 133.000 millones de litros de biocombustible.
No es sorprendente entonces que en el Medio Oeste, el granero de Estados Unidos, surjan refinerías de etanol como hongos tras la lluvia. En mayo de este año se contabilizaban 120 plantas en todo el país, otras 75 estaban en construcción. Un 20 por ciento de la cosecha estadounidense de maíz del año pasado fue destinada a la producción de etanol, hace dos años apenas insumía el 12 por ciento.
También aumentaron los precios del trigo y de la soja, al reducirse su superficie de cultivo por el avance del maíz. "Quien entiende cómo funciona el mercado del maíz sabe que habrá problemas donde se utilice este grano", señaló al "Washington Post" el director del Centro de Comercialización de Alimentos de la Universidad de Connecticut, Ronald Cotterill.
Los granos de maíz no son sólo alimento de pollos, cerdos y vacunos, sino que están también presentes en una serie de productos como galletitas y bebidas de refresco. El fabricante estadounidense de chocolates Hershey ya ajustó sus precios por el aumento del costo de la leche. Lo mismo hizo el gigante de los cereales en copos Kellogg's.
El fenómeno del aumento de los precios de alimentos se registra no sólo en Estados Unidos. El año pasado aumentaron los costos a escala mundial en un diez por ciento, debido ante todo al encarecimiento del maíz, el trigo y el aceite de soja, según un informe del Fondo Monetario Internacional (FMI), organismo insospechable de ser influido por las denuncias recurrentes del líder cubano Fidel Castro sobre las secuelas de la producción de biocombustibles.
En Estados Unidos se suma la demanda para la producción de etanol a las malas cosechas. "Se prevé una demanda creciente de biocombustibles que conllevará un nuevo incremento del maíz y del aceite de soja", vaticinó el FMI. Así aumentó dramáticamente al doble el precio de las tortillas de maíz en México, donde es un elemento central de la dieta de 50 millones de personas de bajos ingresos. El gobierno tuvo que intervenir con controles de precios, que limitaron el alza a un 25 por ciento.
El etanol producido en base a maíz no es sin embargo ni barato ni limpio, según observó el semanario británico "The Economist". Algunos estudios concluyen que se gasta en su producción más energía de la que se gana mediante su combustión. Las subvenciones estatales suman entre 5.500 y 7.300 millones de dólares anuales, según cálculos del Instituto Internacional para el Desarrollo Sustentable.
Mucho más rentable es el etanol producido con caña de azúcar, según "The Economist", tal como lo produce Brasil en gran escala. Pero Washington ha impuesto aranceles para frenar su importación.
"Estados Unidos debería abandonar su política poco inteligente", aconseja el prestigioso semanario. "Si no se cargase con aranceles aduaneros al buen etanol y si se dejara de subvencionar el malo, florecería el primero y desaparecería el segundo. El mundo sería más verde y el contribuyente estadounidense más rico."
Fin del artículo.

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