En la política, como en el fútbol, no hay que desestimar al adversario, por más disminuido que este aparezca. Y la vieja plutocracia ecuatoriana, si bien ha sido derrotada contundentemente en tres elecciones consecutivas (especialmente, la consulta popular de abril 15/2007 y las elecciones de constituyentes de septiembre 30/2007) no es menos cierto que sigue vivita y coleando. Es más, alertada esta vez de que con el Presidente Rafael Correa, la Asamblea Constituyente y el apoyo popular, los anhelos de cambios profundos en la estructura del Estado pueden comenzar a darse y afectar sus intereses de siempre, pues es de esperarse que estos grupos de poder económico y social, por una elemental reacción instintiva, comiencen un proceso de reagrupamiento, de replanteamientos de estrategias y tácticas, que les permita ir recuperando terreno, poco a poco, ir boicoteando cualquier intento de que sus 'enemigos de clase' aprueben y apliquen reformas, más allá de lo admisible; y, de ser necesario, planificando tesis y acciones que les permita recuperar el control del Estado e imponer sus propias reglas de juego, como siempre. Esta actitud me recuerda una vieja sentencia de un viejo periodista norteamericano, sobre la moral del capitalista: 'En Estados Unidos, hay tanta libertad y democracia, que se puede insultar al Presidente y no pasa nada; se puede insultar a la madre del Presidente; y tampoco pasa nada. Pero pretenda quitarle 5 centavos a un empresario capitalista; y entonces arde Troya; ese es un crimen contra la libertad y la democracia'
Si revisamos brevemente lo que ha acontecido en estos últimos meses (de manera especial, desde el día en que se instaló en Montecristi, la Asamblea Constituyente DE PLENOS PODERES y con amplia mayoría del proyecto de la revolución ciudadana) podremos entender que la derecha retrógrada del país está trabajando con orientaciones precisas para enfrentar la posibilidad -fuerte o débil, inmediata o mediata- de cambios largamente anhelados y demandados por los ecuatorianos y ecuatorianas. Lo de Guayaquil ya fue un relucir de colmillos afilados y listos a comerse la presa, si esta se deja y no enfrenta al lobo feroz, en lugar de seguir jugando a la caperucita verde.
Por lo tanto, es cuestión de lecturas apropiadas y de toma de posiciones. Lo de Guayaquil y las amenazas socialcristianas, disfrazadas de madres teresas, así como no puede tomarse a la ligera, tampoco es como para creer que el tsunami ya está lanzado; y sálvese el que pueda.