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América Latina demanda hoy una
nueva arquitectura financiera tras constatar el fracaso de las políticas
neoliberales en la región, y ante los peligros de una crisis económica en
Estados Unidos.
Durante el X Encuentro Internacional sobre Globalización y Problemas del
Desarrollo, que concluyó ayer viernes en La Habana, después de cinco días de
intensos debates, el consenso mayoritario repudió el neoliberalismo económico
como causante de la pobreza en Latinoamérica.
Así lo expresó en el evento la mayoría de los más de 1.000 académicos,
economistas, filósofos, sociólogos y ministros procedentes de 55 países y
representantes de 24 organismos e instituciones mundiales y regionales.
La globalización neoliberal y sus efectos negativos en materia social
centraron gran parte de las discusiones, en las que no faltaron los llamados
a buscar alternativas y crear estrategias comunes en defensa de los Estados
del sur.
Algunos expertos denunciaron que la globalización económica neoliberal es y
será negativa a los países subdesarrollados, los que han tenido que recurrir
a la unidad para enfrentar la política discriminatoria de occidente contra el
llamado Tercer Mundo.
El economista Orlando Caputo, del Centro de Estudios sobre
Transnacionalización, Economía y Sociedad, de Chile, expresó que la
globalización es inevitable, pero está en disputa, pues sólo beneficia a unos
pocos en el planeta.
'Estados Unidos se ha beneficiado de la globalización, la cual ha significado
mayor dominio sobre la clase trabajadora', dijo Caputo, luego de asegurar que
'hay una explotación conjunta en América Latina entre el capital productivo y
el financiero, al servicio de las compañías transnacionales'.
Más fuerte fue el pronunciamiento del economista cubano Osvaldo Martínez,
quien afirmó que el capitalismo es un 'formidable sistema de terrorismo
económico' que se ejerce en la actualidad como práctica habitual
'Sin estallar bombas o matar con balas, ese régimen provoca hambre, pobreza,
desempleo, exclusión', acotó Martínez.
Añadió que el capitalismo desarrolló durante los últimos años la exacerbación
del terrorismo económico a través de la especulación financiera desenfrenada.
Ese fue uno de los temas más abordados en el encuentro, en particular la
crisis financiera y la recesión en Estados Unidos, y su impacto sobre las
economías de América Latina.
Algunos ponentes se dedicaron a explicar si la economía norteamericana ya
está o no en recesión, pero lo que sí quedó claro es que la actual crisis
llevará a ello, y será la de peores efectos en décadas.
También hubo coincidencias en que, de una forma u otra, esta situación domina
la coyuntura económica internacional y existe temor ante el 'efecto contagio',
derivado de la desaceleración previsible del ritmo de crecimiento de la
economía estadounidense.
El belga Eric Toussaint, presidente del Comité para la Anulación de la Deuda
del Tercer Mundo, sostuvo que, manteniendo la política económica tradicional,
los países en desarrollo verán sus reservas internacionales esfumarse
progresivamente y se encontrarán en una situación que puede volverse muy
difícil, de haber una recesión.
Los expertos coincidieron en que la actual arquitectura financiera mundial y
latinoamericana están obsoletas, lo cual se evidencia en el rechazo a las
políticas del Fondo Monetario Mundial (FMI), el Banco Mundial (BM) y el Banco
Interamericano de Desarrollo (BID).
En la búsqueda de alternativas viables, hablaron de la necesidad de un nuevo
sistema financiero en la región, que rompa con dogmatismos y anacronismos de
sistemas monetarios atados a intereses foráneos.
El ministro coordinador de Política Económica de Ecuador, Pedro Páez, ponderó
la creación del Banco del Sur, creado en diciembre de 2007 por Venezuela,
Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Paraguay y Uruguay, como alternativa a
los organismos de crédito internacionales.
Asimismo, Esther Aguilera, integrante del Comité Organizador del evento, se
refirió a la Alternativa Bolivariana para las Américas (Alba), que abarca ya
a cinco países y acuerdos sectoriales sobre la base de la complementación y
el tratamiento especial a naciones de menor desarrollo.
No faltaron propuestas para crear un Consejo Monetario Internacional y fomentar
una moneda común regional.
Ante la convicción de gran parte de los delegados de que el actual modelo
monetario, estructurado en 1944, ha demostrado su fracaso, hubo voces en
favor del socialismo.
El investigador Alejandro Valle, de la Universidad Nacional Autónoma de
México (UNAM), enfatizó que el impulso del socialismo es una necesidad para
los países latinoamericanos en un momento adverso para la economía mundial.
En ese mismo sentir, de que no todo está perdido, el presidente de la
Asociación Nacional de Economistas y Contadores de Cuba, Roberto Verrier,
opinó que América Latina vive una hora de cambios esperanzadores, con nuevos
gobiernos con proyección de beneficio popular y social, como los de Ecuador,
Bolivia y Nicaragua, entre los más recientes.
Es evidente que la actual arquitectura financiera internacional no garantiza
la solución de las dificultades de los países pobres donde, por el contrario,
se agudizan los problemas que hacen in sustentable el actual modelo económico
prevaleciente, mucho más ante la amenaza de la crisis norteamericana.
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