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Fernando Buen Abad Domínguez nació
en México D.F. el 16 de diciembre de 1956. Es Doctor en Filosofía, Master en
Filosofía Política, Licenciado en Ciencias de la Comunicación y director de
cine egresado de la Universidad de Nueva York, artista plástico, miembro de
la Corriente Marxista Internacional y de la Fundación Federico Engels,
vicerrector de la Universidad Abierta de México y de la Asociación Mundial de
Estudios Semióticos. Ha sido investigador y docente en diversas universidades
Latinoamericanas. Ha publicado 17 libros de obra literaria y ensayos, entre
los que se cuentan “Filosofía de la Imagen” y “Filosofía de la Comunicación”,
“Imagen, Filosofía y Creación”. Entre las películas que ha realizado se
cuentan “Cuando el Río Suena”, “Piantado” (basado en un tango de Astor
Piazzola), “Curso para subir escaleras” (sobre un cuento de Julio Cortázar),
“Noticias del Imperio” (realizada para homenajear el libro homónimo de
Fernando del Paso), “Chicovanek-La construcción del nuevo sol”, una película
basada en una leyenda maya, y recientemente el cortometraje “En defensa de la
Revolución de Octubre”, producida por la Fundación Federico Engels.
Argenpress tuvo ocasión de hablar con él a través de su corresponsal en
Centroamérica y el Caribe, Marcelo Colussi.
Argenpress: Según una encuesta de la compañía estadounidense Gallup -nada
sospechosa de socialista precisamente- el 85% de lo que un adulto urbano
término medio 'sabe' y repite acerca de política, valores, visión general de
las cosas (digamos: ideología) proviene de la televisión. ¿A dónde nos lleva
esta cultura de la imagen que pareciera llegada para quedarse?
Fernando Buen Abad Domínguez: Padecemos el gran embrollo de las mafias
mercantiles trasnacionales que secuestraron las herramientas para la
producción de la Comunicación y hay que expropiárselas, bajo todas las
modalidades posibles, porque entre otras cosas sirven para censurar y
asesinar al espíritu rebelde de los trabajadores y los pueblos, sus
creaciones, enseñanzas y comunicaciones legítimas. Los mass-media mercantiles
repiten un modelo de agresión alienante beneficiaria del capitalismo. Repiten
un modelo mundial que es metralla ideológica de imágenes fabricadas con
calibre diverso contra cualquier sujeto que, a estas horas, luche a cuatro
puntos cardinales por sacudirse la hegemonía de la barbarie. Se trata de
ejércitos mediáticos de las oligarquías armados con calumnias y con mentiras
aceitadas a punta de corrupción y traición social. Con el ejército y la policía
como garantía. Su alma burguesa asustada acentúa el tono nazi-fascista de su
discurso. Tiran amenazas, advertencias, augurios apocalípticos. Tiran
mentiras, odio, intransigencia y obscenidad sobre el imaginario colectivo,
dicen que ellos son la 'ley' y el 'orden'. Es de esperarse que a estas horas
la agresión mediática histórica de las oligarquías esté pensando un plan que
repita su manía represiva bajo la batuta de las bayonetas. Eso quieren para
exhibirlo en sus 'informativos', para ganar más anunciantes y para que el
mundo sepa que triunfó una guerra mediática de desprestigio… Ellos quieren
una masacre alienante con descargas de falacias a discreción contra los
pueblos. Quieren una guerra ideológica profunda que arranque, del fondo de
los corazones en lucha, el anhelo legítimo por liberarnos de los explotadores
y los saqueadores. Quieren eternizar la explotación y el hurto. Para eso
financian lo que sea con uñas y dientes mediáticos. Sólo que a estas horas
los pueblos han decidido tomar otro rumbo.
Argenpress: Hay una cultura mediática impuesta por los factores de poder (del
Norte capitalista, de blancos eurocéntricos, basada en el consumo como nuevo
dios, verticalista y machista) que se ha extendido por todo el mundo,
estandarizando -o pretendiendo estandarizar- toda la población global. Desde
una posición de resistencia a esa invasión cultural (léase: posición de
izquierda, o posición progresista en sentido amplio): ¿qué hacer?
Fernando Buen Abad Domínguez: Es imposible revitalizar el capitalismo y sus
modos de imponernos su discurso, es inútil aferrarse a sus estructuras, sea
de la manera que sea. Es preciso atreverse a cambiarlo desde sus logros
mejores, es urgente impulsar un orden nuevo de abajo a arriba con la
organización de trabajadores entusiasmados con dar un estirón fuerte,
sensible e inteligente. Entre el mundo burgués y nosotros, trabajadores de la
Comunicación, la ruptura está claramente establecida. No podemos engañarnos
porque tal engaño es suicida. Es necesario un golpe letal contra la
alienación, la mentira, el bloqueo mediático, el terrorismo mediático, la
deformación de las conciencias, el mercadeo obsceno de las farándulas
impunes, la vorágine de los buitres sobre los cerebros de los niños, la
prostitución emocional y física de las mujeres, el desparpajo de los
machismos discriminadores y racistas, la barbarie rentable de los milagreros
mediáticos, curas, candidatos, ejecutivos de empresas… Hace falta una gran
revolución cultural, informativa y comunicacional. No adelante de los pueblos,
no encima, no escondida… sino al lado de sus luchas mejores. Es necesaria una
semiótica revolucionaria que no se contente con “desmontar” el discurso sino
que se disponga a ganar el territorio de la construcción de sentido, es
decir: el sentido de la revolución socialista y mundial. Para eso hace falta
la formación de cuadros, la toma de las herramientas, el diseño de una agenda
nuestra.
Argenpress: La cultura de la imagen (televisión, internet, videojuegos,
incluso la pantalla de los teléfonos celulares) da la sensación de haberse
impuesto ya en la sociedad contemporánea de tal manera que pareciera
imposible prescindir de ella. ¿Piensas que eso nos condena a esta visión
'light' del mundo que conocemos en estos últimos tiempos, superficial e
inmediatista, tal como se presenta en buena medida la imagen? ¿De qué manera
podemos aprovechar las tecnologías digitales para dar otra propuesta más allá
de lo que hoy día nos inunda? -'el mal gusto está de moda', dijo Pablo
Milanés- ¿Es posible ello?
Fernando Buen Abad Domínguez: Nada de lo que el capitalismo ha impuesto es
inamovible y, en particular, la tecnología con que se ayuda a hegemonizar su
discurso es expropiable toda, se la puede aprovechar mientras tenga utilidad
revolucionaria y se la pueda mejorar al servicio de las necesidades de la
construcción socialista. No veo por qué no tales herramientas pasen a operar
bajo control obrero, campesino... que no se olvide de la claridad política
necesaria que depende de un programa revolucionario y permanente verdaderamente
transformador y consensuado ampliamente, especialmente en el campo de la
Guerra contra la Alienación. Para eso es preciso librar la batalla de las
ideas, la revolución de la conciencia, la formación de cuadros y la
organización social movilizada en todos los campos... el campo de la
educación, de las ciencias, de las artes... Pienso en la necesidad de
aprovechar todo lo que mejor ha producido el capitalismo y desde ahí
continuar el desarrollo socialista de las herramientas, no fetichizarlas, no hacerles
santuarios porque una vez que cambien las condiciones económicas, políticas e
intelectuales seguramente cambiará el uso de las herramientas, su importancia
coyuntural y su papel en el nuevo tejido social.
Argenpress: Es más fácil que se masifique y guste un show ramplón (los que
muestran muchos pechos siliconados y concursos para ganarse una licuadora) o
un periódico sensacionalista (estos que chorrean sangre) que otro tipo de
mensajes, los que -quizá con una posición intelectual rigurosa- podríamos
llamar 'serios'. ¿Por qué?
Fernando Buen Abad Domínguez: Las reglas de tal masificación y gusto de lo
“ramplón” no tienen por base las necesidades, la calidad revolucionaria ni el
interés emancipador de la clase explotada. Todas las ecuaciones del concepto
de “éxito” burgués se basan en el monopolio de valores éticos y estéticos
alienantes que, si bien se han posicionado con hondura en algunas personas y
sectores, sólo pueden reinar impunemente con base en condiciones controladas
desde la producción hasta la distribución y el consumo. Cuando esas
ecuaciones se cambian, así sea en uno solo de sus factores, el modelo
hegemónico cambia sensiblemente, lo reciente en sus bases. Ya hemos visto
cómo en épocas de la mayor agresión mediática contra los pueblos, ha sido
posible ver movilizaciones revolucionarias que lograron vacunase contra
muchos de los tóxicos ideológicos burgueses. He ahí el caso de Venezuela,
Bolivia, Cuba... Desde luego que no hay fórmulas lineales contra la
alienación y que la emancipación de la conciencia tiene su dialéctica y sus
tiempos atados a la movilización revolucionaria y a las necesidades concretas
con que los pueblos se encuentran paso a paso. Por otra parte, y salvando
muchos ejemplos excepcionales, algunos intentos intelectuales “rigurosos”,
“serios” o “revolucionarios” no han sabido aprovecharse de los mejores logros
de las tácticas y estrategias revolucionarias en comunicación por falta de
recursos, experiencia o método. Y tales faltas ya constituyen un objeto de
estudio muy importante del cual debemos aprender a obtener las mejores
lecciones y auto-críticas. No obstante, no se puede crear un escenario
polarizado porque bien sabemos cómo muchas experiencias de la prensa obrera,
por ejemplo, han logrado, con sus aportes, generar avances tales que no
pueden compararse con la mediocridad de los discursos burgueses en casi todas
sus expresiones. Ha habido periódicos, volantes, muros canciones -por
mencionar algunos casos- que, aún con limitaciones, han obtenido logros
comunicacionales fundamentales. Un ejemplo paradigmático es la propia
publicación del 'Manifiesto Comunista' en su primera edición. En contraste, a
diario podemos ver que millones de horas de televisión, millones de páginas
de diarios... no han podido producir los efectos alienantes que quisieran
sobre sus consumidores. La historia de la publicidad mercantil es antes que
nada la historia de un dispendio descomunal plagado de fracasos.
Argenpress: Desde el campo de los grandes poderes que fijan la marcha del
mundo -económica, política y culturalmente- sin ningún tapujo se habla de
'guerra de cuarta generación', guerra mediático-psicológica. A veces, en el
campo de la izquierda, tratando de hacer una comunicación nueva,
pretendidamente revolucionaria, se cae en el panfleto mientras que la cultura
masiva que se impone desde la más descarnada ideología de derecha (pensemos
en Hollywood por ejemplo, o en la CNN), va ganando cada vez más terreno con
un mensaje que penetra con mucha facilidad, agradable, seductor. ¿Cómo dar el
combate en esta nueva modalidad de guerra?
Fernando Buen Abad Domínguez: Hay que ganar la Guerra Simbólica y para eso no
serán los 'comunicólogos' quienes hagan la revolución por sí mismos, serán
los obreros y los campesinos -los trabajadores con conciencia de clase-
organizados bajo un programa socialista -en el que no estará ausente una
táctica y estrategia de Comunicación- quienes conduzcan la transformación
hasta sus últimas consecuencias. Comunicación en la que ayuden los
radialistas, los videoastas, cinéfilos, los periodistas, los informadores
sociales... los escritores revolucionarios, los poetas... quienes estén
llamados a sumarse en la lucha como un guerrero más, bajo crítica y
autocrítica permanente, acompañante de los protagonistas y protagonista a su
vez. No adelante, no arriba de los trabajadores, sino al lado, codo a codo,
como trabajadores también. No se aceptan gurúes. Sin un programa político de
Comunicación Revolucionaria para modificar radicalmente el paisaje de
barbarie y miseria actual, es un programa para ganar las herramientas de
producción comunicativa en manos de los trabajadores y hacia el socialismo,
cualquier discurso es simplemente más de lo mismo. Demagogia, reformismo,
burocracia o sectarismo que ya nos ha mostrado su incapacidad para impulsar
el desarrollo de las fuerzas expresivas. En todos sus significados la
producción desalienada de la Comunicación Revolucionaria, con sus lenguajes
no alienados y no alienantes, supone la lucha por el trabajo no alienado y la
posibilidad de participar libremente, y mundialmente, en la transformación de
la sociedad toda. Supone un pie de igualdad en las condiciones de su
producción, un acceso irrestricto a las herramientas de producción y la
construcción de espacios, medios y modos para la exhibición libre de las
propuestas y logros. Pero especialmente supone conciencia de las necesidades
puesta en programas legitimados colectivamente para una Comunicación no
sectaria, no iluminista y no burocrática de la creación y recreación de la
Cultura. Sólo organizados los trabajadores podremos avanzar en esta lucha. La
lucha de clases que (también) se libra con valores, con ideas y con signos…
en la cabeza y en los corazones, es una pugna asimétrica de intereses que se
confrontan históricamente por ganar el terreno de los imaginarios simbólicos
donde se yerguen los principios, las ideas, los afectos… Es uno de los
escenarios de la Batalla de las Ideas (que también debemos ganar). La guerra
Simbólica es una Guerra añeja agudizada por la burguesía para tergiversar los
valores sociales, para poner el mundo patas arriba, para hacer invisibles las
cosas que realmente valen (como el trabajo) e imponernos como valiosas las
mercancías y costumbres que la burguesía ha pergeñado para enriquecerse
(aunque seamos nosotros quienes las producimos). Claro que es una Guerra
apuntalada también con misiles, cañones, metralla y golpizas, claro que es
una Guerra apuntalada con terrorismo financiero, chantaje inversionista y
vampirismo bancario. Es preciso ganar la esta Guerra Simbólica, la Guerra
contra la alienación, contra todo bloqueo mediático, exógeno y endógeno y
producir los lenguajes nuevos de la revolución socialista capaz de aniquilar
todo sometimiento de la conciencia, del estómago, del trabajo.
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